Cómo hacer un ensayo, elaboración y realización

¡Buenos días! Otra vez estamos aquí en esa positiva tarea de que entre todos logremos ignorar un poco menos. Suele decirse que lo último es más patente en los momentos que leemos y aprendemos más.  Es que ahí nos damos cuenta de la inmensidad de lo que hay y el asombro nos mata (metafóricamente). Pero no es una cuestión de completud, precisamente porque si fuera así cierta gracia se acabaría, incluso el motivo de existencia de muchos. Sería como el coyote finalmente atrapando al corre caminos. Un sinsentido. En esta ocasión, sin embargo, te presentaremos cómo hacer un ensayo: elaboración y realización. Algo útil, ya que es un género muy utilizado en los últimos tiempos y con gran preeminencia. ¡No te pierdas la nota!

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Cómo hacer un ensayo: elaboración y realización.

Hoy en día el ensayo tiene una fuerte raigambre y goza de buena salud desde hace un buen tiempo. Por lo general, se lo considera como el caballito de batalla de las ciencias sociales y humanas, aunque puede verse, en una versión un tanto más circunspecta, en otros mundos del saber. Sin embargo, esto no fue siempre así. Recordemos que históricamente el ideal fueron las ciencias duras y los métodos científicos para develar la naturaleza. Las sociales quisieron copiar eso, aunque no funcionó. Es que lo ideal, la lengua idónea, aquella sin connotaciones, raigambre en la fantasía y el inconsciente, era una especie de lógica llena de matemáticas. Eso era lo más cercano a la objetividad y, llevándolo al paroxismo, la palabra de Dios.

Sin embargo, los tiempos cambian, relativismos y pragmatismo deconstructivos mediante, y el ensayo es vislumbrado con otros ojos. Aquí, en consonancia, luego de este sucinto exordio, te contamos cómo llevar adelante uno de ellos de la mejor manera.

Primeramente, por lo general se entiende al ensayo como un género donde se autodesarrollan nuestros pensamientos, como discurre la capacidad evaluativa e interpretativa que tengamos. Es decir, aquí no hay un emisor que se oculte, aunque puede tomar máscaras lingüísticas acorde para ello: por ejemplo, el uso de la tercera persona o, como suele llamarse, la no persona.

Asimismo, es necesario cierta prolijidad, por ende, lo mejor es dividirlo en introducción, desarrollo y conclusión, siendo recomendable que la tesis a desarrollar, con su hipótesis, quede explicita desde el inicio, más allá que otros tópicos pueden eclosionar, en menor medida, como un gran árbol y sus ramificaciones.

Introducción: Normalmente es corta, pero eso dependerá de la extensión del trabajo mismo. Asimismo, contiene el plan del trabajo, una suerte de hipótesis y por qué no una breve alusión de lo hecho hasta el momento. Cuando hablamos de hipótesis aludimos a una tentativa de explicación del fenómeno a estudiar, cuestión que guía, como un faro en la noche, toda la investigación. Esto es sustantivo, ya que le da un sentido interno a todo, nos marca el camino a riego de no perdernos un poco y ayuda al lector, para que tampoco termine como peregrino en el desierto.

Acuérdate que es vital respetar todos los pasos, por más exagerados o aburridos que parezcan. Son los que convertirán en verdaderos ensayos a tus elaboraciones. De todas maneras, verás que tiene aires bastantes gentiles este género, no implicando soberanos esfuerzos.

Desarrollo: Esto, si somos un poco golosos, ya que se viene la hora del almuerzo, lo podemos comparar con el plato principal. Es decir, el vocablo sólo lo dice: el desarrollo es lo más importante, ya que concierne al cuerpo de nuestra investigación. Si decíamos que en la introducción hay una hipótesis, o tentativa de explicación (la cual se suele redactar en condicional o futuro y en determinado espacio) en el desarrollo se tendrá que sostener, con buenos argumentos, aquella. Es la investigación misma, la cual si tiene ciertos sesgos académicos debe dar lugar a citas, referencias y sus emplazamientos pertinentes. Naturalmente, esta sección del trabajo puede tener subdivisiones que llenen de prolijidad al ensayo o formen parte del cómo quieres decir las cosas.

Conclusión: Se siente bien cuando llegamos a ella, ya que se observa la meta. Pero aquí hacemos una salvedad: ¿El corredor afloja en los pasos finales? Si tiene un buen sentido agonístico y está en óptimo estado, no lo hace ni siquiera superando con amplitud a sus rivales ¿Qué sentido tiene esta metáfora intempestiva? Que no debemos descuidar la conclusión, pese a sentir que ya hemos realizado la parte más sustantiva de nuestro trabajo, el meollo de todo. No, la conclusión debe tener su concisión, belleza y hasta atractivos positivos. Por lo general, lo que se estila es hacer una especie de recapitulación, que sirve para seguir ratificando nuestra hipótesis; una suerte de reaseguro. No está mal algún juego de palabras, retruécano, ya que recordemos que el ensayo permite estas cosas. Si bien debe haber cierto nivel de vigilancia epistemológica, hay ciertos ribetes de libertad.

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Algunos consejos que pueden sumar: Pero no todo se reduce a su esqueleto básico o estructura. Podemos darle más aire de profesionalismo si, por ejemplo, seleccionamos una temática con cierto nivel de actualidad. Sí, es recomendable que el foco de la investigación, por más que sea histórico, pueda trazar algún puente con el presente. De todas formas, claro está, esto no determina la calidad de lo producido.  Asimismo, aclarar constantemente que las posibilidades no se agotan: se dice que hay una buena investigación cuando da lugar a otros temas, para desarrollarlos ulteriormente. Por lo pronto, cualquier intento de frenar la rueda del saber sólo tallaría como una soberana arrogancia o jactancia.

Pero hay otra cosa que debemos recalcar, un rasgo de un género literario que tal vez insinuamos pero no nos hicimos quisquillosos. Es que la flexibilidad, más allá del respeto de determinado nivel de estructura, es muy sustantiva aquí. Se permite lo subjetivo, giros retóricos que hermoseen el trabajo, digresiones mientras no sean abusivas, paráfrasis para no ser soporíferos con las citas y cuestiones del tipo. Sí, esa es la realidad. Puede tener mayor o menor rigurosidad, pero hay ciertos permisos que podemos concedernos.

Por último, si no tenemos temática para trabajar, es cuestión de un poco de lectura en el campo o charla con el docente para obtenerla. Una vez que entremos en cierta mecánica de esto, nos daremos cuenta que los tópicos son justamente los que arrecian y sobran. El mundo está tan lleno de saber, los rincones, hendiduras por donde podemos avizorar algo nuevo, curioso, son múltiples. Naturalmente, no se puede la originalidad absoluta. Cierto filósofo del lenguaje ruso machacaba que no existía un discurso originario. Todos tomamos de todos, es un eterno palimpsesto esto, es un constante retorno de la diferencia: volvemos pero de otro modo. Eso es el universo de la investigación, pero no quita ni un ápice de sustancialidad el hecho de que nuestra originalidad estribe en dar una pequeña vuelta de rosca, dar luz a un aspecto no estudiado o cuestiones similares.

Desde ya, esperemos que con estos consejos puedas llevar adelante el mejor ensayo de todos, sea del tópico que sea, ya que la estructura tiene su carácter someto y general precisamente para cumplir con ese objetivo. Una vez incorporado este modo de operar, el resto debería ser muy sencillo. Por lo menos a la hora de plasmar las ideas.

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